viernes, 27 de agosto de 2010

En nuestro Bicentenario: La Historia VIVA, VIVA la Historia


x Fesal Chain

Estoy leyendo Bolívar en Vivo de Francisco Herrera Luque, escritor venezolano ya fallecido, quien fuera Médico-psiquiatra, novelista, ensayista y diplomático y que como escritor, se dedicó fundamentalmente a la novela histórica documentada. El prólogo de esta novela póstuma lo escribe Luis Britto García (Caracas, 1940) también escritor venezolano, Premio Casa de las Américas en 1970 y Premio Nacional de Literatura en 1980.

Luis Britto hace una más que excelente caracterización de los tipos de Historia, que comúnmente se enarbolan, y su correlación con las etapas de cada ser humano: La Historia como bostezo; La Historia como ensueño; La Historia como pesadilla; La Historia como sueño eterno. Y las contrapone a su propuesta de Historia viva.

En la Historia como bostezo, nos dice: "Cuando éramos niños, la Historia cumplía la doble función de regalarnos los días de fiesta nacional, y de estropearlos obligándonos a asistir a los actos conmemorativos. Nos iniciamos así en la pedagogía del bostezo.(...) El bostezo cierra la mente y abre la boca: así se cuelan en ella las moscas de los oradores de orden y de los jefes de protocolo".

A la Historia como ensueño tan propia de la adolescencia, se accede "como postración adoratoria, como estupor incesante de la sublimidad. Pues para quien maquilla la historia como ensueño, todo cadáver es exquisito. No hay en ella mala intención ni mal aliento: todo relumbra, todo brilla, todo está desinfectado".

Y continúa. "Así quienes sobrevivimos a la diabetes de la Historia como ensueño, accedemos a la septicemia de la Historia como pesadilla", que "pinta el pasado con las tintas más negras, para que la oscuridad del presente parezca, por contraste, luminosa".

La Historia como sueño eterno, "por excelencia narrativa del poder y desde el poder, deviene así como reportaje de la transformación que se aplica como coartada de la parálisis"

Finalmente Britto contrapone a todos los tipos de Historia anteriores, o como las denomina, a dichas anti-historias, la Historia Viva, es decir aquella que "baja a los personajes de sus altares panegíricos o los levanta desde sus quintas pailas historiográficas, rebajando las tintas rosadas y dosificando las negras hasta saber pintar volúmenes con ese claroscuro que llamamos realidad".

Me temo, y vaya que es un temor casi horripilante, que la gran mayoría de los chilenos y chilenas no han pasado las dos primeras etapas siquiera. Como niños que somos, estamos más que embutidos en la pedagogía del bostezo. Con ese chauvinismo estilo "Si Vas para Chile" o de Guerra del Pacífico y "el Huáscar es nuestro", nos paseamos por efemérides fechas, nombres sin contenido y creemos o diría más bien, muchos creen, desde una mirada derechista ingenua que raya en el fascismo, en la historia vulgar de Frías Valenzuela , de Walterio Millar y de otros un poco más elaborados como Gonzalo Vial y los historiadores conservadores. Pero no sería nada si los chilenos y chilenas sólo creyeran a pie juntillas en estas vulgarizaciones. Lo que realmente pasa, es que piensan y actúan a través de ellas. Así Chile se ha transformado para no pocos compatriotas, en la Copia feliz del Edén y laTumba de los Libres, cuando los cadáveres, los torturados, los presos, los perseguidos y marginados bajo gobiernos de todo signo, van aumentando la fosa común de la Historia viva.

De la Historia como ensueño, la adolescente izquierda chilena es su más eminente representante. La postración adoratoria a todo aquello que alguna vez fue, es desquiciante. De hombres y mujeres de carne, hueso, con emociones y razones, ha transformado a sus líderes espirituales y materiales en estatuas. Allende se ha sintetizado sólo en su último discurso. Nada de aquel Allende de Lira Massi, bien terneado, galante y seductor con las mujeres o lisa y llanamente un hombre contradictorio, rico en matices y gozador de la vida. De Miguel Enríquez se puede decir lo mismo. Se lo ha convertido ( a excepción de algunos intentos lúcidos como el de Carmen Castillo en su libro Un día de Octubre en Santiago y en sus Cortometrajes) como un monstruo racional sólo dedicado a la estrategia, e incapaz de acostarse en una cama con sus hijas a mirar El Zorro o los monitos animados como efectivamente lo hacía, y se ha querido borrar su martirio como un acto de amor a su mujer, por la que no escapó de su último enfrenamiento para protegerla en su embarazo. Para que hablar de Fidel Castro, el Ché y otros. Serían verdaderos máximos ejemplos de virtud, pero sólo de eso. No habrían errores, caídas, zonas oscuras, nada.

Lo peligroso e imperdonable de esta mirada del mundo propio, en la que por supuesto el adversario y enemigo es depositario de todo lo negro y aberrante, es que la izquierda no sale de su adolescencia. Por ello mismo es de una postura que puede desesperar a cualquiera. Nuestros hijos son encantadores, (pero a su vez todos quienes tienen que convivir con un adolescente, podrán saber a que desesperación me refiero). De esta manera su política paradójicamente se ha convertido en una seguidilla de histéricas marchas y griteríos y hemos involucionado enormemente,desde una mirada integral y madura del mundo, emocional y racional, a una mirada meramente agitativa y reactiva como jóvenes enrabiados y frustrados frente a la pérdida de lo maravilloso.

Las dos últimas Historias no son monopolio de nadie en especial, pero si se evidencian demasiado en la izquierda renovada. La dictadura fue la noche más negra de nuestra historia reciente, es cierto, pero que la socialdemocracia la ha ocupado para que el presente parezca luminoso es más que evidente. Así los asesinatos, la tortura, la vigilancia y el control, y a su vez la corrupción y la negligencia, es decir la inoperancia e irresponsabilidad pública y el terrorismo de estado bajo la concertación, serían fenómenos entendibles, en la medida que no fueron más que tenues reflejos de las negrísimas tintas del pasado.

Además y como corolario, la concertación y la centro izquierda se han especializado casi hasta el hartazgo, en la mirada e interpretación como sueño eterno. Estuvimos durante 20 años y debemos retomar el camino, ya pasada la nochecita gris del Piñerismo y del neopinochetismo, a la transformación lenta pero perpetua, a las reformas y a la protección social, que paso a paso nos llevaron y nos llevarán al mundo feliz. De esta manera, la transición democrática y la hegemonía socialdemócrata, serían el reportaje de la transformación, que esconde toda la parálisis neoliberal, toda la parálisis de una democracia pinochetista que no han sabido ni querido cambiar, de una vida que no es sino sobrevida para los mayoritarios y privilegios para los dominantes y una clase media politizada que ocupa el aparato estatal.

Espero que este breve artículo contribuya, dentro de su limitaciones de espacio y también reflexivas, a levantar la Historia Viva, es decir, como afirma Britto, a rebajar las tintas rosadas y dosificar las negras hasta saber pintar volúmenes con ese claroscuro que llamamos realidad.

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